Acerca de los montones de celulosa...

Hay una característica que diferencia a las personas que leen (lo que sea), y es que unos cuando empiezan lo tienen que acabar, y los otros leen mientras les interesa. Si no lo hace, lo dejan a medias.
Hay otras personas a las que ninguna de estas clasificaciones les describe realmente. Las que sólo reconocen si son más de una manera o más de otra en su más segura intimidad. Quizá les de miedo decantarse por alguna bien por los demás, que juzgan demasiado rápido, o bien por ellos mismos, que creen que habrían de ser de aquella manera hasta el final o algo parecido.
He tenido varias discusiones pacíficas acerca de esto. Yo me posiciono siempre del lado de los que leen mientras les interesa. Pero entiendo que eso me va mejor a mí por como soy y por como pienso.
Si de lo que estamos hablando es de sacar mayor provecho de lo que leemos, simplemente a mí es la fórmula que mejor me funciona.
Pero hoy he sumado un argumento más a mi favor, con algo que no había pensado hasta hoy, cuando he vuelto a coger dos libros más de la biblioteca, en pleno periodo de exámenes, sabiendo que es probable que los lea muy poco, y bastante probable que los devuelva sin haberlos abierto. Y es que hay que ser muy metálico para no entender que los libros acompañan, que saben convivir con pocos problemas, y que son confidentes entusiastas de lo malo, moderados de lo bueno. Que lo saben prácticamente todo de ti.


